
Villa Juárez es de los más beneficiados de la Reforma Agraria, pues es el ejido con mayor dotación de tierras. Ancestralmente “Bendecida por Dios”, esta comunidad se encuentra a orillas del Rio Santiago y cada año era bañado por sus desbordes, lo que hacía que sus tierras se desalitraran, se cubrieran de limo y se convirtieran en las más fértiles, buenas para todos los cultivos de temporal, sobre todo para el más sabroso chile ancho que se produce en el país. A partir de la construcción de la presa “Aguamilpa”, como que “Dios dejó de consentirlo”, porque al ya no haber inundaciones las tierras corren el riesgo de convertirse en páramos y las casas en polvorones, por acción del salitre, pero eso sí, todos los días de todos los años, los “trozadeños” entre chela y chela, un día si y otro también, son derrochadores cuando la parcela ha sido generosa y cuando el temporal ha estado en contra, con “deudas” se siguen dando la gran vida.
Como en la “viña del señor”, en Villa Juárez había de todo entre los pobladores: creyentes y no creyentes que iban a misa cuando había que gorrear y destacando entre ellos “el calcetín”; conservadores y liberales, entre éstos sobresaliendo Paco Sandoval, Neyo y Miguel Guzmán, que honraron la memoria de “Don Benito” y dieron protección a la Benemérita Escuela Secundaria por Cooperación “Elías Reyes”; abstemios y bebedores consuetudinarios que producían mínimo docena, los alumnos más inteligentes de las escuelas del lugar y que eran al mismo tiempo los mejores del municipio; campesinos malos y buenos para la agricultura, de éstos, el campesino Efrén Casillas que sabía más que cualquier agrónomo, los secretos del cultivo del chile ancho; hombres casados que solo sabían de una mujer y hombres casados con casa grande, casa pequeña y casa chica; retardatarios y progresistas que han velado por su terruño como Pepe Madrigal; símbolo de la fecundidad y de la vida, las mujeres Villajuareñas, por prolíficas eran dignas de ese elogio y con todos los atributos de la mujer mexicana, sufridas, abnegadas, protectoras de su hogar y esmeradas al máximo en la atención de su familia, impulsoras de la educación de sus hijos y pilar donde se apoyaba la educación de la comunidad. . . no había de otras.
En aquel entonces el pueblo era de lo más descuidado, el centro un laberinto, la iglesia unos bardones, el campo deportivo servía de majada, la Escuela Rural era lo menos descuidado, el Centro de Salud lo más decoroso, el Jardín de Niños funcionaba en un caserón improvisado, las calles en el “tiempo de secas” unos “terregales”, en “tiempo de aguas” eran lagunas y el panteón era un chapoteadero para vivos y muertos, de todo los servicios, lo mejor era el flamante Casino de la Bruja Roja. Actualmente se nota un avance notorio, calles empedradas, una flamante iglesia, un Jardín Ejidal bonito que luce dos monumentos de Don Benito Juárez, hay escuelas de educación media superior y superior y si “Justo” viviera diría, pero también hay más antros para darse gusto y placer. A lo único que no se le ha hecho justicia es a la cada día más descuidada Escuela Primaria “Manuel Gual Vidal”, esto lastima, porque esa institución ha sido crisol de muchísimos buenos profesionistas en las comunidades del extremo de la margen derecha del Río Santiago.








