jueves, 1 de mayo de 2008

VILLA JUAREZ, NAYARIT 2


Tierra bendecida por Dios.

1965-1977. De la serranía a la llanura costera, de El Venado a Villa Juárez, mi querido Profesor Cobos, el Inspector Escolar me rescató como él decía y me adscribió en el poblado que históricamente se llamó El Pozole, posteriormente La Trozada y por último Villa Juárez, municipio de Santiago Ixcuintla, Era una población de escasos 2000 habitantes, en la “actualidad todavía” y hasta que el mar no recupere sus playas, se encuentra a 10 metros sobre su nivel y es de las cinco localidades más grandes del municipio.


Villa Juárez es de los más beneficiados de la Reforma Agraria, pues es el ejido con mayor dotación de tierras. Ancestralmente “Bendecida por Dios”, esta comunidad se encuentra a orillas del Rio Santiago y cada año era bañado por sus desbordes, lo que hacía que sus tierras se desalitraran, se cubrieran de limo y se convirtieran en las más fértiles, buenas para todos los cultivos de temporal, sobre todo para el más sabroso chile ancho que se produce en el país. A partir de la construcción de la presa “Aguamilpa”, como que “Dios dejó de consentirlo”, porque al ya no haber inundaciones las tierras corren el riesgo de convertirse en páramos y las casas en polvorones, por acción del salitre, pero eso sí, todos los días de todos los años, los “trozadeños” entre chela y chela, un día si y otro también, son derrochadores cuando la parcela ha sido generosa y cuando el temporal ha estado en contra, con “deudas” se siguen dando la gran vida.


Como en la “viña del señor”, en Villa Juárez había de todo entre los pobladores: creyentes y no creyentes que iban a misa cuando había que gorrear y destacando entre ellos “el calcetín”; conservadores y liberales, entre éstos sobresaliendo Paco Sandoval, Neyo y Miguel Guzmán, que honraron la memoria de “Don Benito” y dieron protección a la Benemérita Escuela Secundaria por Cooperación “Elías Reyes”; abstemios y bebedores consuetudinarios que producían mínimo docena, los alumnos más inteligentes de las escuelas del lugar y que eran al mismo tiempo los mejores del municipio; campesinos malos y buenos para la agricultura, de éstos, el campesino Efrén Casillas que sabía más que cualquier agrónomo, los secretos del cultivo del chile ancho; hombres casados que solo sabían de una mujer y hombres casados con casa grande, casa pequeña y casa chica; retardatarios y progresistas que han velado por su terruño como Pepe Madrigal; símbolo de la fecundidad y de la vida, las mujeres Villajuareñas, por prolíficas eran dignas de ese elogio y con todos los atributos de la mujer mexicana, sufridas, abnegadas, protectoras de su hogar y esmeradas al máximo en la atención de su familia, impulsoras de la educación de sus hijos y pilar donde se apoyaba la educación de la comunidad. . . no había de otras.


En aquel entonces el pueblo era de lo más descuidado, el centro un laberinto, la iglesia unos bardones, el campo deportivo servía de majada, la Escuela Rural era lo menos descuidado, el Centro de Salud lo más decoroso, el Jardín de Niños funcionaba en un caserón improvisado, las calles en el “tiempo de secas” unos “terregales”, en “tiempo de aguas” eran lagunas y el panteón era un chapoteadero para vivos y muertos, de todo los servicios, lo mejor era el flamante Casino de la Bruja Roja. Actualmente se nota un avance notorio, calles empedradas, una flamante iglesia, un Jardín Ejidal bonito que luce dos monumentos de Don Benito Juárez, hay escuelas de educación media superior y superior y si “Justo” viviera diría, pero también hay más antros para darse gusto y placer. A lo único que no se le ha hecho justicia es a la cada día más descuidada Escuela Primaria “Manuel Gual Vidal”, esto lastima, porque esa institución ha sido crisol de muchísimos buenos profesionistas en las comunidades del extremo de la margen derecha del Río Santiago.

VILLA JUAREZ, NAYARIT 1

Villa Juárez, Nayarit.

Rodrigo Medina Salas.



En el magisterio hay amigos, compañeros y detractores, un maestro no es monedita de oro, pero aprende a convivir hasta con los enemigos gratuitos, en el trayecto de la carrera, se mantienen o se despegan muchos de los compañeros con los que se convivió, pero lo más importante es que se conservan los que uno escoge para preservarlos en el arcón de los buenos recuerdos, pero entre éstos, siempre destacan algunos con quienes las ligas de amistad son tan firmes, que terminan en convertirse en lazos indisolubles de familiaridad. En lo personal, destaco la relación de Rodrigo Medina Salas y de Susana Alva Rodríguez con quienes establecí “una insuperable amistad” que sellé con el compadrazgo y lo hicimos, hasta que mi compadre y yo estuvimos convencidos de respetarnos, aunque nos la refrescáramos de mentiritas.



A mi comadre Susana la conozco desde que fuimos condiscípulos en la Escuela Secundaria No. 1 de Santiago Ixcuintla y se casó con mi compadre sin mucha dificultad, conservando el matrimonio porque ella nunca perdió “el control” de mi compadre y éste, se sacó con ella la lotería. A mi compadre Rodrigo lo empecé a tratar cuando coincidimos como profesores de nuevo ingreso en la Zona Escolar de El Nayar, yo en San Juan Peyotán y él, en Huaynamota, el “fondillo del diablo” hasta antes de que construyeran la Presa de Aguamilpa. Tuvieron cuatro hijos, el cuarto lo fue mi super ahijado Rafael “El Chato”, con un ochenta por ciento de Alva y el resto de Medina y con algunas virtudes características como, alto, moreno, comunicativo, confiable, estudioso, natural y responsable, mi ahijado heredó la inteligencia y el gusto por las matemáticas de mi comadre y la sabiduría y lo estudioso de mi compadre, actualmente realiza investigación sobre la matemática educativa, que por lo pronto, no quiere compartir ni con su padrino querido al que respeta en el campo de las matemáticas.



Mi compadre es por nacimiento “gardenión”, en Acaponeta hizo su Educación Básica y en la histórica Escuela Normal de Jalisco egresó como Profesor de Escuela Primaria, posteriormente, obtuvo título de Profesor de Segunda Enseñanza en la Especialidad de Biología. Como no era hijo del privilegio y además, era un profesor normalista con la ética suficiente, se inició, entre los indígenas de El Nayar, de los cuales intentó aprender su dialecto, pero cuando los coritas le empezaron a jugar bromas con su traducción se dejó de ello, luego, trabajó en el municipio de Santiago Ixcuintla, en las Escuelas Primarias Federales de Villa Juárez y Amapa y en la Escuela Secundaria por Cooperación “Elias Reyes”, se jubiló siendo el mejor Profesor de Biología en el Centro de Actualización del Magisterio y también, en la Escuela Preparatoria No. 1 de la UAN. Como biólogo pocos como él, su dominio de la materia es amplio y de gran profundidad el conocimiento y la metodología. Su didáctica en educación básica era la utilizada en esos tiempos de sus primicias, “la letra con sangre entra” y como no había otro profesor al que quisieran y le confiaran tanto los padres de familia, cuando los chavos lo sacaban de quicio la utilizaba, hasta que un día, “La Terror” de la escuela, se le parapetó y le dijo iracunda: “no Rodriguito a mí no”, pero fue tanta su vehemencia, que por temor a Gricelda, hasta ese día la vara didáctica dejó de ser solución pedagógica.



Los años de la relación con mi compadre, los más profundos y significativos fueron los vividos en Villa Juárez, en ese lugar “bendecido por Dios” como mi compadre o yo lo vemos o como Faustino lo prefiere “dejado de la mano de Dios, conjugamos ideales políticos y educativos, compartimos las mismas amistades y los reconocimientos de éstas, zanjamos las diferencias al “águila o sello” y el resultado se respetaba, coincidíamos en las tareas educativas, nos defendíamos como uno solo en la defensa de nuestros intereses educativos y personales, manteníamos las mismas amistades comunales y los afectos con los mismos alumnos, juntos nos esforzábamos porque nuestras escuelas y sus pupilos fueran los mejores, nunca vimos con celo los éxitos del otro, en suma para mí, “mi compadre es el amigo poco común que cada uno de nosotros tiene”.



Desde que nos conocimos a la fecha la relación con mi compadre se ha mantenido sin altibajos, no obstante que quienes nos conocen y tratan, se empeñaban en ensombrecerla, como el venenoso de Roberto, pero también hubo quién trato de resaltarla como Fortunato Córdoba, pero ahí va avante... compadre. Actualmente, nos vemos esporádicamente, pero cuando lo encuentro e intercambiamos las formalidades de la amistad, mis sentimientos para El Compadre Rodrigo, son los que daría al hermano mayor que deseo estuviera conmigo en este “valle de plenitud y gozo”, el que será reandado cuando tengamos la oportunidad de reencontrarnos.

lunes, 28 de abril de 2008

El Venado, Nayarit.


La Puerta de El Nayar.


1963-1964. Pueblo que apenas rebasaba la condición de poblado, situado en la entrada de la Sierra Madre Occidental, aquí se realizaba todo el comercio que fluía, como decía Don Necho, de “arriba hacia abajo y al revez, principalmente de ganado (vacuno) y chivos de allá para acá y de regreso, abarrotes, mercería, telas y lo necesario para la vida de los serranos”. De San Juan Peyotán a El Venado, los arrieros hacían 3 días en remuda por el camino real, hacer ese recorrido era una aventura que emocionaba, actualmente, es parte de la carretera Ruiz-Zacatecas que está a punto de ser una realidad y una apertura al progreso del pueblo, por que en 42 años ha ido en paulatino retroceso.

La región donde está enclavado este pintoresco rincón a la vera del río San Pedro, mantiene grandes atractivos ecológicos, su flora es exuberante y su fauna es variada, todavía hay espacios boscosos y densos, donde abundan venados de cola blanca y los arroyos de Malpaso, Tenamache y El Salto, todo para un gran disfrute natural. La población venadeña es por costumbre, muy amable, hospitalaria, tranquila y pronta a atender a quien los visita, principalmente, los “profesores” son especialmente atendidos, no obstante tantos motivos agradables, cuidan mucho que se les cumpla en las responsabilidades que deben prodigarles.

Hace 42 años, solo contaba con una escuela primaria, la Ramón Corona, que tenía una inscripción de 100 alumnos. Actualmente hay dos primarias, un jardín de niños y una escuela secundaria, que son más que suficientes para atender una población escasamente superior a la de entonces. En aquel entonces, quien podía mandaba a sus hijos o hijas a seguir estudiando fuera, los que no estaban en condiciones mandaban a sus hijas a trabajar y casarse a USA y los hijos se quedaban a ayudar a su papá como se pudiera, situación que dio motivo a que los jóvenes desahogaran sus inquietudes a través del deporte, por lo tanto, el profesor deportista caía “como anillo al dedo” y tenía, además de aceptación general, el gusto de participar con los jóvenes en toda competencia deportiva municipal, ese año, los lugareños, los venadeños que estudiaban fuera y el profesor Enrique, integramos equipos imbatibles de básquetbol, voleibol y béisbol. Justo es que haga una mención especial para Cipriano Cayetano “Chipango”, gran amigo, mejor vecino y buen papá, que, en el buen sentido del concepto, lo mismo me “servía para un barrido que para un trapeado”, es decir, fue un gran apoyo en mis actividades extraescolares.

En octubre de 2003, al ganar el concurso escalafonario de la plaza de Inspector de Escuelas Secundarias, la acepté de inmediato, ya que para mí representaba la gran oportunidad de regresar a El Venado, ese hábitat que me atraía por los recuerdos de mi juventud magisterial. Cuando me dieron mi nombramiento, no esperé ni siquiera que me fueran a presentar a la zona de adscripción con cabecera en Tuxpan Nayarit, de inmediato, el primer día de Inspector Escolar hice mi primera visita de supervisión y la realicé en la Secundaria “Venustiano Carranza” de El Venado, sintiéndome con la misma exaltación del joven profesor de 21 años que en 1963 se presentó a trabajar a la primaria rural del lugar. Si hay un lugar donde la Anne, de la narrativa de Galeano, “a diario empuja con sus brazos al astro al amanecer para que ilumine y lo acuesta por la noche en el horizonte”, ese lugar tiene que ser: El Venado.

San Rafael, Nayarit 3


Gestión Escolar.


Sep. 1962-1963. En el desempeño del servicio educativo es bueno contar con suerte, con amigos o buenas relaciones para conseguir los objetivos que se señalan en el Plan de Tabajo que se elabora al principio de año escolar. En San Rafael, había muchas necesidades y pocos los recursos económicos, por eso, para hacernos de mobiliario por el incremento de la población escolar, arreglar el techo muy deteriorado por lo abundante de la temporada de lluvias que acababa de pasar y tener asegurado el sueldo de la maestra comunal, hicimos con las firmas de los vecinos del lugar, una solicitud para que se permitiera a la comunidad cortar y labrar una cantidad de pies cúbicos de madera de guanacaste que solventara el proyecto.


La solicitud se la presentamos a un jefe forestal de semblante amodorrado, mal vestido y de hablar grosero, que daba la impresión que se incomodaba con cualquiera que interrumpiera su aletargamiento, así que en desventaja para nosotros, leyó la solicitud y de inmediato sin descomponer la figura, vociferó con los vocablos tabasqueños más floridos, algo como esto: “Ustedes hijos de la tal por cual, quieren todas las comodidades para algo que deberían de solventar de sus bolsillos, ¡ah! pero los señores quieren un permiso para que amparados en él puedan explotar sus montes de guanacaste cuando ya se acabaron los cedros, caobas y amapas”, desarmados por lo intempestivo de la agresión y al ver que no hubo reacción de nuestra parte, el hijo de su rechinadora ya crecido, agregó: “en mi tierra, el “terible Garrido Canabal” llevó la educación a todos los rincones de Tabasco y nadie se atrevió a pedir nada para ello, el asiento fue una piedra, la mesa las piernas, una pizarra los cuadernos, una tisa el lápiz y una plantilla el libro, con ello, Tabasco es de los estados de la federación más alfabetizados”. El funcionario dispuesto a seguir fue interrumpido por un joven alto, moreno, atlético y de hablar pausado pero decidido, quien habiéndose dado cuenta de los exabruptos del forestal, de manera tronante dijo: ¡cálmese Ingeniero!, en su tierra serán muy “camisas rojas”, pero en la nuestra que es ésta de donde Usted come, por menos de lo que ha dicho los malos funcionarios se han ido, así que si quiere preservar su empleo, modérese y otórguele el permiso a quienes están sirviendo patrióticamente a su comunidad. Con el semblante descompuesto y sin mediar palabra, tomó un block y a mano extendió el permiso. La comisión gestora con una sonrisa irónica nos despedimos del funcionario y cuando quisimos hacerlo del improvisado líder, se había retirado sin dar oportunidad para ello.


Con el tiempo, en una cancha de básquetbol de la UAN jugando una “cascarita”, me encontré con un deportista consumado que gozaba de la simpatía de todos los “cascareros” de las canchas populares, ese joven era el que me había tendido la mano en mi gestión educativa, fue entonces, cuando me enteré que llevaba por nombre Francisco Perales, que era un profesor normalista que no ejerció por dedicarse, de lleno y con mayor amplitud, a liberar de la explotación y la servidumbre a los de su condición agrarista y que era un funcionario de lo más cumplido y honesto que tenía en Nayarit la Confederación Nacional Campesina. Desde entonces, le guardo gratitud, respeto y reconocimiento a Perales, a él, “todavía joven” como nos presume a todos los “cáscaras” contemporáneos, se le encuentra trotando o canasteando en los lugares que se han construido para ello y sin mediar interés de por medio, se dedica a apoyar moralmente a los amigos que requieren de su compañía como apoyo espiritual
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lunes, 4 de febrero de 2008

San Rafael, Nayarit 2

Escuela Primaria General de San Rafael

Afecto Privilegiado.

17/sep. 1962-1963, sin puente, porque al “mal paso darle prisa”, levanté la inscripción escolar de la comunidad de San Rafael, la cual arrojó una existencia de 30 alumnos de ambos sexos, 20 no sabían leer y escribir y 10 mal sabían leer entrecortado y escribir garabateado, por lo tanto, unos eran para primero y los otros a segundo a terminar de ser analfabetos. Don Crispín, único indígena de la comunidad y H. Presidente de los Padres de Familia, me pidió considerar a los muchachos que se habían quedado rezagados y que se contratara a una maestra comunal que se hiciera cargo de los chiquillos y los de tercero para mí, nos agenciamos recursos para el pago de todo el año y la contratamos. Se organizó el grupo de nueva creación con 30 alumnos de entre 9 y 15 años, indudablemente, eran más hombres que mujeres, porque éstas, por no haber más que hacer, se reducían a los 13 o 14 años que se huían y agarraban marido. Era un grupo difícil de describir, los niños en grupos de dos o tres familiares, eran tímidos, con las manos callosas por las tareas de apoyo a su papá, con los pies serranos de un número más grande que lo normal y con el cuerpo delgaducho, las muchachas todas en grupo, eran vergonzosas, de risa pronta y de mirar desconfiado, prestas a hacer las actividades de la escuela, además, de apariencia física realizada. En 46 años de servicio magisterial, tuve muchos grupos que les di afecto, empatía, respeto, sensibilidad y sobre esfuerzo, pero no hubo otro que me haya impactado tanto sentimentalmente como éste, fue un grupo respetuoso hasta los límites permitidos, honesto como que sabían sus limitaciones, tan humildes como el lugar donde vivían, pero sobre todo, con una moral al margen de toda malicia.

Imposible recordarlos a todos, pero por mencionar algunos, los hermanos Rojas y Pío Abrego como excelentes alumnos, Maximiliano Hernández “Chabalán”, Esteban Abrego, Florencio Cañas y Esteban “El Venado” como buenos deportistas, entre las mujeres, Toña Rojas, Andrea, Paulina y Rafaela, debió haber algún Juan y alguna Guadalupe, pero ésta es la idea que me queda después de 48 años. De todos, al único que he visto es a Maximiliano, fue un gran deportista que integró una selección estatal de volibol y participó en unos juegos nacionales; de Pio sé por su papá que estudió y se profesionalizó; y, de Esteban Abrego, el líder nato del grupo, que era noble, inteligente y carismático, el hijo que de niño ayudaba a Don Elías su padre a dar forma de canoa a los troncos de guanacaste, el alumno que me llevó a conocer la Presa de Aguamilpa cuando apenas eran mojoneras de localización y a “chirotear” por el cerro de La Cebadilla, el chico que nos ganaba a todos a cruzar a nado el río Santiago, el primer ex alumno, que por su honestidad y cariño de todos los ejidatarios fue electo comisariado ejidal y que le tocó gestionar los beneficios que su pueblo obtuvo por la construcción de La Presa de San Rafael, de él supe que unos malhechores que lo extorsionaban le habían asesinado a mansalva, como se usa en la sierra con las personas que destacan pobremente. Se había perdido una vida, la de Esteban Abrego, el dirigente ejidal al que propios y extraños le tenían un gran afecto. Saber de la muerte de Esteban me consternó y me hizo ir a su pueblo para ver si su muerte no había sido en vano y al mismo tiempo, porque parafraseando a Unamuno: “no nos damos cuenta que tenemos alma hasta que nos duele”. Esteban: “hasta reandar lo andado”.

San Rafael, Nayarit


Escuela Rural Federal de San Rafael (1962)



1962-1963. 13/sep. Reunión de Planeación. La orden del "Profe Gonzalo", inspector de la zona escolar, fue terminante, “los asignados a las escuelas de la sierra baja, se van a preparar los festejos de la Independencia de México”. Arribé el 15/sep. a Estación Roseta y ya me estaba esperando Florencio, el joven comisionado para hacerme llegar a San Rafael, pequeña comunidad con escuela unitaria y que estaba en la orilla opuesta del Río Grande o Santiago. Después de una caminata a campo traviesa de hora, llegamos al punto de cruce, la vista de un río bufando que impetuoso se deslizaba por la boscosa falda del cerro de La Cebadilla, me causó temor, pero había que cruzarlo corriendo todos los riesgos. No se preocupe, este riito no nos baña -me dijo Lencho con mucha seguridad- y abordando una pequeña canoa, con gran pericia llegamos al bordo opuesto un kilómetro abajo.


Con la novedad de la llegada del Profe, los vecinos y las vecinas, de inmediato se reunieron al frente de la escuela del pueblo y como si ya estaban preparados, las mujeres con lo necesario para hacer el café y las enchiladas o caldos y los hombres, con los “jarritos” de tamarindo y el alcohol para las teporochas, se inició la “fiesta de traje” amenizado por un tocadiscos que a ratos tocaba y a ratos se arreglaba. A las 11 horas en punto, con un radio de baterías colocado frente al micrófono del tocadiscos, con mucho entusiasmo le coreamos vivas a los héroes que nos dieron patria junto al Presidente de la República Adolfo López Mateos. El 16/sep., con participación de todo la población, nuestro desfile, encabezado por la escolta improvisada de las autoridades vecinales y portando la bandera nacional del ejido, fue de lo más solemne y a pesar de los estragos de la fiesta del 15, el entusiasmo no decayó en la tarde de competencias tradicionales. Como lo dijo el inspector escolar, así se hizo y durante todo el año escolar fui correspondido por la comunidad en todas las actividades, dándome una total autoridad sobre los niños y las niñas de edad escolar, de tal manera, que hasta los sacerdotes que iban a dar sus oficios, para la doctrina me tenían que solicitar el horario, porque de septiembre a junio, “el profe tiene la potestad sobre sus alumnos”.


En aquel entonces, San Rafael era un pueblito maderero: donde se hacían las canoas de un solo tronco de guanacaste para surtir a todos los pescadores de la costa nayarita; donde no había influencias nocivas; donde todavía ejercía autoridad la defensa rural al mando del comandante “Pelatas” y con las armas que les otorgó “el más grande presidente de México”; donde su único vestigio de desarrollo era la escuela; y, donde el Río Santiago era impedimento para estar más cerca del mundo civilizado. En lo personal, San Rafael fue una gran experiencia donde todo se me dio sin obstáculos ni regateos, donde vine a confirmar mi vocación magisterial por si aún dudaba de ella, claro, no fue el producto de una experiencia de entrada, sino la conjugación de circunstancias y de relaciones que resultaron de la integración total a la comunidad.


Un día, la curiosidad y la nostalgia abonadas por mi ahijado el hijo de mi compadre Ismael, me hizo ir a percatarme “de ojito” el estado que guardaba ese pueblito. Esperaba derramar alguna lágrima de emoción y a punto estuve, pero me embargó la alegría cuando me di cuenta que el San Rafael que conocí me lo cambiaron. De los habitantes de aquel entonces solamente saludé a Margarita, una muchacha que se abstuvo de entrar como rezagada a la escuela, porque el novio del cual ya tenía promesa de matrimonio no la dejó, so pena de no cumplirle el pacto. Del pueblito me alegré, mi escuela rural federal “Lázaro Cárdenas” era el último vestigio rupestre en pie y que todavía el pueblo la conservaba en buen estado y en servicio como Tienda Ejidal.


Con la construcción de las presas de Aguamilpa y San Rafael, el pueblito cambió, actualmente, su tamaño sigue igual, nada más que ahora cuenta con carretera pavimentada de acceso, con edificios de CAPFCE para las escuelas primaria, secundaria y Jardín de Niños, con luz eléctrica y agua potable, con arquitectónica iglesia, con plaza pública y servicio de transporte de pasajeros. Aun cuando suceden hechos que distorsionan su imagen, San Rafael sigue siendo un pueblo alejado de las perversidades y las costumbres distorsionadas del medio urbano. Sus habitantes, los que se quedan porque muchos emigran a la ciudad, siguen conservando: el carácter huraño, hosco y desconfiado ante los extraños y entre sus virtudes, la honestidad, la prudencia y la sinceridad. Con el tiempo se perdió mi figura por dilución del núcleo de convivencia, pero para mí, son parte de mis dominios sentimentales, esta pequeña comunidad, el susurro del río, la sonata del cerro y la vida placiente de la rústica “casa del maestro”.

sábado, 29 de diciembre de 2007

San Juan Peyotán.


Sierra Madre Occidental.
Imagen JPEG.


1961-1962. Como profesor con "plaza federal", se me asignó en la comunidad mestiza de San Juan Peyotán del municipio de El Nayar, por allá, donde subir un cerro era Jalisco, ir al campo aereo era Durango y caminar un poco más era Zacatecas, es decir, en la Sierra Madre Occidental.


San Juan, era, es y seguirá siendo, un pueblo viejo de los que solo se ven en las películas y al que han abandonado generación tras generación. Es un pueblito, que Conrado, un ex alumno del lugar me lo describe cuando lo encuentro y le pregunto como está tu pueblo: "igual profesor, lo único diferente es la escuela, el centro de salud y que ya hay agua y luz, pero en cuanto lo demás, las mismas casas de adobe y techos de teja cruda o paja, las mismas calles pedregosas y los corrales de piedra, los "perros" como siempre flacos y la gente enferma de lo que Usted ya sabe".


Un año y tres meses, que no fueron tan malos, por que de joven se aguanta eso y más, pero también, prestigia y produce satisfacción. En peores condiciones que las descritas por Conrado, en San Juan se desarrolló mi vocación, educando niños y niñas, entre los que se encontraban, Conrado y los hermanos Adán y Ezequiel Navarrete Arellano, éstos últimos, cuando su familia emigró, se hicieron profesores destacados con licenciaturas de UPN y de la ENSN.


En la sierra, el que se abandona a las circunstancias, termina en condiciones no deseables, por lo tanto, "ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre" y como decía mi inspector escolar Gonzalo Alegría Arredondo: "entre semana la enseñanza-aprendizaje, como se pueda y con lo que se pueda , además, los tiempos libres convivan con los vecinos, que su amistad les hace falta". Claro el lugar de convivencia de los vecinos era la escuela y el centro de salud de la Brigada de Mejoramiento Indígena, donde por las tardes se daban cita diaria, las mujeres a aprender algunas actividades y los hombres a jugar volibol, ¡ah, que buenos jugadores eran y que buenos encuentros se realizaban!, apoyando a Raúl Medina “El Tripas”, organizamos una selección serrana que le ganó al campeón nacional, la Escuela Normal de Jalisco con todo y su jugador estrella “El Piola”, éste con los años fue Director General de los Servicios Educativos Públicos en el Estado de Nayarit (SEPEN).

Desde San Juan Peyotán, en mis "chiroteos", conocí la región alta del municipio más grande del estado de Nayarit y algunos amigos, como mi gran compadre Rodrigo Medina, Tomás González y “el Sefero”. En esa región, supe lo que es comer frijoles del "alma negra" con chile macho y sabrosas tortillas de puro maíz recién hechas a mano serrana, manjar al que no tienen acceso muchas familias indígenas, desde ese entonces, en San Juan Peyotán ya se sufría el flagelo de la tuberculosis en más del 60% de las familias, la promiscuidad familiar y la atrocidad de algunos usos y costumbres, herían los sentimientos humanos. Si es cierto, de la terminación de la carretera Ruiz-Zacatecas, confío que San Juan como portezuelo natural, tenga mejor destino.





Epílogo de: Refranero 4. Autor: Ezequiel Navarrete Arellano.


Los refranes y los dichos son expresiones que surgen del pueblo, cada uno de ellos nos transmite una enseñanza y nos invita a una reflexión; no en balde reza uno de ellos: los dichos de los viejitos, son evangelios chiquitos.

Refranero 4 contiene 307 refranes descritos en lenguaje popular, y aunque sé que nadie vende su caballo por bueno... sé también que para muestra basta un botón; porque ni espuelas ni sombrero, al buen charro se le conoce en la monta y floreo de reata; pues no es más mono el que se viste, sino el que mejores piruetas hace.

No piensen que saludo con sombrero ajeno, el estilo es 100 % de la sierra nayarita, señal de que por acá también se cuecen habas; échele un vistazo al producto y sabrá que pa’ los trompos son las cuerdas; para los cintos la pita; y para el gusto de un serrano... la gracia de una mujer bonita.




Puerta de Mangos


Calistro.




1960-1961. Se cierra mi ciclo como profesor comunal o por cooperación y en un lugar, del cual guardo los mejores recuerdos, con un director, como Gabriel Gómez Hernández con quien me mantuve ligado por muchos años y con buenas compañeras de la "vieja guardia" que siempre rondaban al compañero Gabriel, para sentirse protegidas de quien empezaba a destacar como líder de la histórica 10a. zona escolar de escuelas primarias, que era en ese entonces, la que contaba con mayor personal y escuelas en la entidad.

El "Pechi", que era su apodo de pila normalista, tuvo necesidad habitual de entrada de ampliar el número de grupos y me pidió que lo apoyara con ese propósito. Correspondiendo a su compañerismo lo acompañé en todas sus inquietudes y de diario, en las reuniones de amigos de la comunidad que eran amenizadas por Gabriel, con anécdotas que a base de repetirlas con ingredientes nuevos, parecía que nunca se le agotaban.

Con Gabriel entendí lo importante que es para un profesor de escuela -rural, semiurbana o urbana-, ganarse el cariño y el apoyo de los vecinos donde se desempeña. Los vecinos le correspondieron, brindándole una amistad y muchos compadrazgos por siempre. No terminé, el año escolar en la escuela de Puerta de Mangos, porque las buenas referencias del “Pechi”, la relación con Agripino Ramos de Botadero y la influencia del dirigente sindical Salvador Langarica Cabrera, hicieron posible, se me concediera la plaza de profesor federal.



Semblanza: Gabriel Gómez Hernández.



Muy dado a poner sobrenombres a sus compañeros, Gabriel no se escapó de que se los regresarán, fueron varios los apodos con que lo etiquetaron y lo recuerdo por el más cariñoso de ellos: “Pechi”.

Gabriel era de Buenavista, como dicen los tapatíos, “por ahí del rumbo de Ameca Jalisco”, donde todavía deben de radicar algunos de sus hermanos. Su padre, era un simpatiquísimo viejo, bien parecido, de pelo rizado desordenado y bigote arriscado, muy platicador de leyendas paranormales y de los pormenores de sus coterráneos. Su madre, toda una dama formal a la usanza tradicional, enagua hasta los tobillos, mangas hasta las canillas y zapatos cerrados con tacón a media altura, además, era muy religiosa, cubría la cabeza con rebozo de seda hasta cuando rezaba el rosario en casa y de un gran respeto para Don Salvador su marido. El Pechi, era una réplica exacta de su señor padre, daba la impresión que gozaba con caracterizarlo y todavía, agregaba detalles que le eran muy originales. Sus travesuras, sus dichos, sus historietas y sus ocurrencias, trascendieron por todo el territorio nayarita.

Lo traté por muchos años, aún cuando en la mitad de ellos nos mantuvimos a una prudente distancia, la relación, el aprecio y el apoyo mutuo, siempre se hicieron patentes. Más de un favor personal le debo, pero, lo que más le agradezco es haberme dispensado su amistad.

Su simpatía era arrolladora, muchos intentaron repetir sus gracias, pero el Pechi era inimitable. El Pechi tenía ángel, lo cual irradiaba a sus amistades. Eran célebres sus tertulias con los amigos y los profesores de las comunidades donde el trabajó, para ello, cualquier rincón era bueno para la rueda que se prolongaba hasta deshoras de la noche. En cuarenta y seis años y seis meses de servicio, no conocí, a ningún profesor con el ascendiente popular como el del Calistro, como se le conoció también, en Boca del Camichín y Puerta de Mangos, primeras comunidades costeñas donde dejó sus recuerdos.

Fue líder de su zona de trabajo, impulsó a sus compañeros a fundar las primeras secundarias por cooperación, se enfrentó al Pagador Regional de la Federación, el cual, fue a parar a las Islas Marías y mantuvo en su región la primera lucha anticaciquil del magisterio en Nayarit. En la Escuela Normal Superior de Nayarit fue excelente Presidente de la Sociedad de Alumnos.

También fue dirigente sindical seccional por más de quince años, Inspector Escolar y Jefe de Sector Educativo, en esta función se encontraba cuando una embolia cerebral lo imposibilitó. Después de una prolongada y sentida incapacidad dejó de existir. Su velatorio, reunió a la gran mayoría de sus amigos y fue exactamente, como a Gabriel le gustaban, respetuosos y con un ambiente pleno de anécdotas y vivencias del difunto, que en su caso, por ser tantas y tan recordadas, la noche se nos hizo corta. Su sepelio fue de lo más sentido, como que si “se requiere más valor para sufrir que para morir”.

Jamás habrá otro como Gabriel “El Pechi” y su memoria nos acompañará siempre, por que estoy seguro, que allá, el carismático y soñador contestatario, el ingenioso y simpático cuentista y el generoso defensor de los amigos, nos está esperando para “reandar lo andado”.

jueves, 27 de diciembre de 2007

El Botadero


Aguilas.



1959-1960. Con un año de experiencia, todo era más fácil, Ciro Hernández Capetillo, me contrató como profesor comunal para hacerme cargo de un grupo de chicos de ambos sexos que se habían rezagado. Un grupo único de excelentes alumnos y alumnas, entre ellos, Francisco "El Coco" Villafuentes, a la postre, compañero profesor y amigo. Ambiente inmejorable con los compañeros y con los jóvenes de la comunidad, aprovechando la oportunidad de jugar con el mejor equipo de beisbol que ha habido en la costa nayarita: Las Aguilas de Botadero.




Ciro Hernández Capetillo.



Vecinos en Santiago Ixcuintla, estuvimos en la misma escuela secundaria. Su fortaleza física y su aspecto hosco y malhumorado lo heredó de su padre, Don Elpi, un hombretón que infundía respeto y que hacía en la escuela funciones múltiples y al que todos le temíamos, pues era el encargado de disciplinarnos cuando el control de nuestras travesuras lo requería. La reciedumbre, de Don Elpi era aparente, porque nunca se supo que abusara de ella y su hijo también tuvo esa y todas las virtudes de su progenitor.


Terminando el ciclo secundario se fue a la Escuela Normal de Xalisco y luego de tres años de estudio se graduó de Profesor Normalista. Las autoridades educativas lo adscribieron como profesor de grupo y director comisionado de la escuela primaria de El Botadero, en ese lugar como en todos donde estuvo su labor fue bastante meritoria y se le conocía lo suficiente y hubiera gozado de más imagen si no fuera muy introvertido.


Al Profesor Ciro, la Escuela Normal Superior de Nayarit, le brindó la oportunidad de ser de los primeros egresados de la Especialidad de Física y Química, ahí tuvo la oportunidad, de tener como profesor en materias de la especialidad a un ameritado Ingeniero Químico que la ENSN contrató para fortalecer su curso único, el de verano. El Ingeniero Chagoyán, una de las leyendas académicas de la benemérita normal, egresó la generación de Ciro y todos sus miembros, se vanagloriaban de la capacidad que su maestro les había heredado.


Como docente, Ciro, fue eminentemente un profesor de escuelas primarias por tener la categoría y plaza de Director, luego, la escuela preparatoria de la Universidad Autónoma de Nayarit lo aprovechó hasta su jubilación. Tuve la oportunidad, de conocer su didáctica en la Física y la Química en las primeras escuelas secundarias por cooperación del valle, donde coincidimos como docentes. En un rincón del aula, sobre un destartalado escritorio, con botellas cerveceras, medias botellas vinateras recortadas, batidores de alambrón, cucharas y platos de peltre, así como, las sustancias que los alumnos aportaban por cooperación, fui testigo, del milagro de la experimentación dirigido por Ciro. Por años lo vimos hacer sus prácticas medievales y que sus alumnos aprendieran la Física y la Química, en reconocimiento, sus alumnos lo homenajearon - como ellos lo hacen cuando saben reconocer los méritos de alguien -, bautizándolo cariñosamente y en el buen sentido, como Ciro Peraloca.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Los Corchos: el inicio.


Mariscos y Jejenes.
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Quién posteriormente fuera de mis maestros más reconocidos - el Inspector Escolar Ernesto Flores Cobos- me propuso cubrir a una maestra con incapacidad médica en Los Corchos Nay., comunidad pesquera donde adquirí: el gusto por los mariscos acompañados moderadamente por "cebada fermentada" y el pavor a los ardores que ocasionaban los piquetes de jején.


Mi inicio fue de improvisado e interino director y profesor de tiempo completo (24 horas) de lunes a domingo, horario al que no era oficialmente obligado, pero que tenía que apegarme a él, porque un docente obedecía sin cuestionar: "la histórica Escuela Rural Mexicana así se lo había dejado establecido". En esta comunidad aprendí a convivir: por la mañana y la "tarde temprano" con mis discípulos, por la "tarde ya tarde" y las primeras horas de la noche con los jóvenes, en las horas intermedias de la noche había que atender los compromisos sociales y el domingo, aceptar las invitaciones de los adultos a "estar con los hombres" como se ufanaban y había que atenderlos porque si no, para ellos, "ése no era buen maestro".


A los dieciocho años, así fue el principio de mi carrera. Para jubilación, un apostolado de 45 años y 6 meses, hasta que pude cumplirlo sin desmerecer ante nadie y sin ocasionar desdoros inmerecidos y así será "hasta no verte ... dios mío".

Para hacer lo que yo debo
solo a lo que debo miro;
ni a otros efectos aspiro,
ni de otras causas me muevo.
-Juan Ruiz de Alarcón-




Profr. Ernesto Flores Cobos. Inspector Escolar. Nayarit.


Superviviente de la Escuela Socialista de Lázaro Cárdenas, fue adscrito como Inspector Escolar a Santiago Ixcuintla, cabecera de la décima zona escolar y cuando la educación en todos sus niveles dependía del proyecto Ensayo Piloto de la UNESCO. De cerca de dos metros de estatura y largos brazos, la piel morena y el rostro inexpresivo y picadito de viruela, de trato exigente y huraño y de expresión sincera y contestataria con fundamento marxista. El “Profe Cobos”, infundía temor a los que pretendían engañarlo y seguridad a quienes respondían a su confianza con compromiso y honestidad, en él no había “medias tintas”, el profesor “debe tener vocación verdadera, capaz de abandonar a la familia, los amigos y las comodidades para lanzarse por el camino ignoto y fascinador del cambio social”. Muchos jóvenes profesores, nos consolidamos pedagógica e ideológicamente por su influencia y cuando él se retiró se le extrañó y todavía, se le recuerda con gran estima. En convivencias que tuve con el Profe. Cobos, con gran pasión socialista y mucho sentimiento, nos cantaba o recitaba versos de Carlos Gutiérrez Cruz:

Sol redondo y colorado,
como una rueda de cobre,
de diario me estás mirando,
de diario me miras pobre.